Es que claro, tener que ir con el diccionario a hacer la compra es lo que tiene. Te levantas animada una mañana que has decido aprovechar y cuando te dispones a tomarte tu vaso de leche para coger fuerzas, no hay leche. Entonces decides que es hora de ir a hacer la compra. Y como es de las primeras compras tiene que ser grande.
Entras al supermercado cargada con las bolsas de plástico que has decidido no olvidar más veces en casa –por cada bolsa te cobran- y te diriges hacia la primera sección dispuesta a comprar carne para hacer filetes rusos. Por no sacar el diccionario y parecer la paleta mayor, intentas decidirte por el color de la carne y compras una que, de paso, sea barata –no olvidemos que tenemos que ceñirnos a la economía Erasmus-. Así pues, cuando has cargado la carne te diriges a la sección de especias: Paprika, Pfeffer, Origano… ¡coñó, si yo solo quiero perejil! Y entonces sí, quieras o no, tienes que echar mano al diccionario. Ahí lo descubres, lo que tú buscas es Petersilie. Petersilie. Vale, lo coges y tratas de no olvidar esa palabra jamás por aquello de ir ganando vocabulario en alemán. Petersilie.
Continúas con tu compra tratando de descifrar a través de los dibujitos si el tomate que vas a comprar es frito, natural, pelado, entero, troceado o triturado… ¡cómo echas de menos el tomate Hida! Pero bueno, te tienes que adaptar a lo que hay así que compras algo. Ya luego descubrirás si has acertado –pero va a ser que no, que lo querías frito y es natural entero-.
Después de intentar comprar las cosas básicas, pagar tras no haber entendido una parrafada que ha dicho la cajera de algo relacionado con una tarjeta, subir las bolsas de la compra hasta tu habitación y meter todo en la nevera; te dispones a cocinar. Sacas la carne. ¡Mierda, huele a ternera y yo quería cerdo! Sacas los ajos. ¡Vaya, no tengo picador de ajos! Sacas el perejil ya que sabes que con eso has acertado y te dispones a hacer la mezcla. De repente, como si de una aparición bíblica se tratara, recuerdas a tu madre echando pan rallado en la carne. ¡Mierda, de eso no te has acordado! Pero bueno, no le das mayor importancia y decides que si Ferrán Adrià puede, tú también. Así que innovas, improvisas y echas harina, que seguro que no falla. Fríes los filetes y te dispones a comer después de tan dura mañana. Y no, no saben para nada como sabían en España. Es más, están malos.
Y entonces, mientras te comes esos filetes rusos –por llamarlos de alguna manera- y ves los trocitos de esa especia que tanto te ha costado conseguir te dices: “Vamos a ver si recuerdo como se llama…” y después de tres minutos pensándolo te das cuenta de que, simplemente, lo has olvidado.
No ha sido una buena comida pero bueno, seguro que mejorarán con los meses y si no es así esperaremos a volver a España a compara a nuestro querido Mercadona.
Pero qué razón tienes............. Si ves el "arroz al horno", por llamarlo de alguna manera, que he hecho hoy....
ResponderEliminar... no todo van a ser cosas buenas en el Erasmus...ejjeje
ResponderEliminarLucía
q grandeeeeeeeeeeeeees tus entradas! =)
ResponderEliminarmimm