jueves, 28 de octubre de 2010

8. Vivir en un país sin mar es lo que tiene: el pescado lo ves, pero de lejos...

Una acostumbra a seguir la dieta mediterránea. Sí, esa rica en verduras, carnes y pescados que podemos tomar gracias a que España, si algo bueno tiene, es su localización. Cuando vas al supermercado –no hace falta que diga cuál, que todos nos lo imaginamos- generalmente tienes al menos diez tipos de pescado fresco que comprar: boquerones, perca, panga, lubina y dorada -¿alguien nota la diferencia entre estas dos?- salmón, trucha, emperador, salmonetes, bacaladillos… ¡El paraíso del pescado! Y si no te gusta el fresco porque prefieres tener reservas, te vas a la sección de congelados y la variedad continúa: bacalao, merluza en filetes, en rodajas, con piel, sin piel; tilapia, mero, lenguado…

No es que cuando vas a otro país te esperes tener lo mismo, pero vamos, una pequeña variedad no vendría mal. ¡Pues no! Después de recorrer el supermercado de arriba a abajo notas que falta algo…mmm… ¡la pescadería! No, no hay. Bueno, piensas, al menos lo podré comprar congelado. Eso sí. Algo es algo. Pero para tu asombro cuando estás frente al frigorífico te das cuenta de que la elección no te va a llevar mucho tiempo: ¿panga o salmón? No hay más. ¡Y a qué precios!

Si es que al final, una echa de menos hasta quitarle las tripas al pescado.

No hay comentarios:

Publicar un comentario