miércoles, 27 de octubre de 2010

7. La universidad no funciona tan bien como parece...

El proceso es fácil: echas una solicitud para el Erasmus, haces un pequeño examen de nivel de idioma, hacen la subasta de los destinos, si tienes suerte eliges la que quieres y experimentas una inmensa alegría. Intentas aprovechar esta euforia al máximo y es que en tu subconsciente sabes que no durará, que pronto empezarán las preocupaciones. Cuando llega ese momento, días antes de irte, te tranquilizas a ti misma diciéndote que si ambas Universidades tienen un convenio por algo será, que no puede ser difícil. Pero sí, sí que puede serlo.

Primero tienes que encontrar las asignaturas que te puedan servir para convalidar el curso entero si puede ser. Así que te pones manos a la obra y te haces un plan de estudios perfecto en el que todas las asignaturas encuentran a su igual. Plan en mano, te encuentras más segura y vas a clase porque oye, aunque no te pispes de nada, la presencia siempre es un punto a tu favor. La sorpresa viene después, cuando educadamente te diriges al profesor para decirle que asistirás a su clase y, ya de paso, si te puede hacer el favor de decirte como será tu evaluación –sí, hay que aprovechar la condición de Erasmus a ver si se les ablanda el corazón y te evalúan sin examen-. Pero no, mira, no es que no te vayan a hacer un examen en inglés o te propongan hacer un trabajo, es que, directamente, no quieren estudiantes Erasmus en clase. ¡Que no!

Así que terminas con un contrato de estudios que en común con el primero solo tiene tu nombre, lleno de asignaturas que no vas a poder convalidar y con menos créditos de los que necesitas pero… ¡para eso estamos de Erasmus! Aunque el año que viene sea duro…

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