Instrucciones básicas para poner una lavadora: separar la ropa de color de la blanca, poner detergente y suavizante, darle al botón de encendido, esperar algo así como una hora, parar la máquina y tender la ropa. Parece fácil pero no lo es tanto cuando las instrucciones de la lavadora están en alemán. Bien, no puede ser tan difícil. Metes la ropa, eliges un programa que así a simple vista no parezca muy agresivo y ale, a darle marcha después de intuir la cantidad de suavizante y detergente que hay que poner. Menos mal que para esta tarea te puedes ayudar de los dibujitos de la botella que, afortunadamente, son universales: una manchita, poco sucio, 20 ml; dos manchitas, bastante sucio, 40 ml; tres manchitas, casi ni te molestes en lavarlo, pero por si te empeñas 60 ml. Para tu sorpresa la ropa sale perfecta: limpia y con olor a ropa de la madre. Ahora solo falta secarla.
Te enfrentas a la secadora y aquí sí que estás jodido pero bueno, si todo el mundo utiliza el mismo programa, ¿por qué no usarlo tú también? Ya previsora decides apartar y secar en el radiador ese jersey de lanilla que tanto te gusta pero el resto de la ropa para adentro. Esperas la hora de rigor –hora y media si la secadora decide que la ropa no está lista- y sacas tus cosas. Vaya, no encuentras tus bragas y calcetines pero jurarías que los habías metido… A sí, aquí están, enredados entre las sábanas. Y normal que no los vieras: han reducido su tamaño considerablemente. Ahora son de la talla 28. Sin exagerar. ¿Y las bragas? De las bragas mejor no hablar. Solo decir que ahora mismo a una niña de 5 años le vienen a la perfección.
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