lunes, 25 de octubre de 2010

6. Los perros, como todo hijo de vecino, también pagan para subir al metro -eso sí, tarifa reducida-.....

¡Si es que el metro da para mucho! Da para ver gente de todos los lugares, países y colores. Da para ver parejas de jóvenes, de mayores, de niños. Da para ver a padres que llevan a sus hijos al colegio por la mañana temprano, a estudiantes que cargan con sus ordenadores y que van desganados a clase. Da para ver a sus profesores. Como digo, da para mucho. Y también para ver perros que viajan como cualquier viajero más.

No vale mirarlos mal o pensar que el dueño podía tener un poco más de visión y no meter al animal en el metro. No vale criticar que el perrito en cuestión esté tumbado delante de un asiento y no deje sentarse a una persona. Y no vale poner mala cara cuando “fuffy” va delante de ti a la hora de subir al metro. ¿Y por qué no vale todo esto? Pues porque el perro, como cualquier hijo de vecino, paga su billete. Eso sí, una tarifa reducida como la que pagan los niños, que no estamos para tirar el dinero.

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