jueves, 28 de octubre de 2010

10. Cuando un austriaco dice no, ¡es que no! no importa que con un SI pueda evitar que tus dedos caigan congelados, ¡¡ha dicho NO!!

Por norma general, la primera vez que alguien nos pregunta algo y decimos que no, en realidad queremos decir que sí. Cuando eres pequeño tus papás te enseñan que cuando un tío o abuelo te ofrece dinero los domingos debes decir: “no, no, de verdad, no hace falta, déjelo”. Evidentemente sí que lo quieres y solo estás esperando que te vuelvan a preguntar para, entre dientes, musitar un “ah, bueno, vale, pues muchas gracias” mientras guardas la moneda del tesoro en tu bolsillo. Por si las moscas. Siempre corres el riesgo de que alguno de estos tíos tuyos sea más listo que tú y a tu primera negativa sea él el que se guarde la moneda y no la vuelvas a ver nunca más. Pero ya digo, y todo el mundo sabe, que esto raramente ocurre.

Quizá sea por esto y por otras tantas situaciones en las que la primera negativa de un español es solo la antesala del sí por lo que siempre esperamos que ocurra lo mismo. Pero no, si un austriaco te dice que no, es que no. No hay vuelta atrás y no importa los argumentos que utilices.

Mi primera negativa rotunda llegó cuando, un día gris de lluvia no intensa pero permanente decidimos ir a Mauthausen (un campo de concentración de la segunda guerra mundial). A estos sitios solo vas una vez en la vida, así que cuando estás quieres verlo como Dios manda y para ello necesitas una audioguía. Pero no, no te la dan. Aún no has terminado de pedirla cuando la amable señora menea la cabeza de lado a lado. No hay motivo, simplemente no, un ‘no’ dicho con la cara casi hinchada balbuceando palabras en a saber qué idioma. No, no, no. ‘No’ tan rotundo y que te dan ganas de decirle. “anda señora, primero tómese un Activia para eso de depurar el cuerpo y luego póngase a trabajar cara al público, hombre”. Primer propósito de ver el campo con audioguía, no logrado.

Con esto ya intuíamos que su ‘no’ es algo diferente al nuestro pero la teoría se confirmó cuando no importó que fuéramos mojados, que nuestras manos estuvieran rojas sufriendo casi principios de congelación, que tuviéramos que esperar veinte minutos bajo la lluvia que ahora era intensa ni que la temperatura fuera de cinco grados y bajando. Los austriacos tenían que cerrar, NO podían esperar cinco minutos, y cerraron. Segundo propósito de no coger una pulmonía, no logrado.

Así que el día concluyó bajo la lluvia pero, aún así, mereció la pena. Y mucho.

4 comentarios: