Si es que los españoles, para bien o para mal, nos hacemos notar allí donde vamos. Uno de los ámbitos en los que somos inconfundibles es en el tema de las fotos turísticas. Que hay que hacerse fotos delante del Coliseo de Roma saltando o haciendo la conga, allá que vamos. Que es mejor hacerlo cantando “Que viene mamá paaaaaato, pachín”, tampoco hay problema: por cada pachín una foto, para eso estamos. Y luego decimos de los chinos.
En los cafés y en el metro tampoco es que pasemos desapercibidos. No lo podemos evitar. No es que seamos escandalosos, es que nuestro tono de voz es elevado y, además, nos gusta reírnos, para qué negarlo. Así que no hace falta que prestes atención al idioma que hablan los miembros de un grupito en una cervecería porque si sólo se les oye a ellos es que son españoles.
Y es que aquí hasta los niños lloran diferente. Parece que en España aprendemos desde la cuna la forma de llorar en el metro o en cualquier lugar público para dejar a nuestros padres en ridículo. La manera perfecta son los gritos con pataleo incluido. Y si nos tiramos al suelo mejor que mejor porque así nuestros padres, esos malvados que nos niegan una piruleta, sentirán vergüenza. Aquí no, aquí los niños sollozan un poco para no molestar al resto y todos tan contentos. ¡Qué educados!
Pero a lo que iba: se nos reconoce. Y qué mejor ejemplo que bailando en las discotecas. Lo ves de lejos. Y es que no hay duda: si baila con las manos arriba, parece poseído cuando escucha Sexy bitch y se le oye más a él que a la música, entonces es español. Puedes acercarte con tranquilidad y gritar: “¡eh tío, que yo también soy español!”.
que mejor ejemplo para esto que el sabado pasado...
ResponderEliminarmuy grande lu, como siempre! :)
mimimimi