Yo para taxi no usaría mi Xara. Sé que no es un buen coche pero oye, una le tiene su cariño. No me gustaría que jóvenes recién salidos de la discoteca subieran a mi coche con la última copa en la mano -y eso que aquí servidora lo ha hecho-. Pero que no. Y si no usaría mi Xara, creo que mucho menos usaría un Mercedes.
Aquí la cosa cambia. Yo no sé si será porque la ley lo exige, porque te dan puntos en el carné de conducir, porque los taxistas vieneses no acogen en su coche a borrachos que con casi toda la seguridad acabarán vomitando en el salpicadero o porque los taxistas tienen descuento; pero el caso es que en Viena el 85% de los taxis son de la marca Mercedes. Blancos, negros, plateados, largos, cortos, dos puertas, un modelo, otro…
Y alguien se preguntará: ¿pero quién se fija en los taxis? Pues yo, que tengo una parada en la mismísima puerta de mi casa. Todos ahí, colocaditos en fila esperando que los clientes se acerquen: Mercedes, Mercedes, Mercedes, Mercedes, Fiat, Mercedes, Mercedes, Mercedes, Mercedes, Mercedes, Mercedes, Mercedes, Opel, Mercedes, Mercedes, Mercedes… y así un largo etcétera.
Lo mismo es para no desentonar con la elegancia de la ciudad porque hombre, queramos o no, no viste lo mismo un Seat que un Mercedes. O quizá simplemente sea que aquí la gente maneja pasta gansa.
No hay comentarios:
Publicar un comentario