miércoles, 1 de diciembre de 2010

15. Déjate de estudiar vocabulario raro y céntrate en lo básico: lo necesitarás cuando vayas a la farmacia.

Si es que cuando uno estudia un idioma nuevo nunca sabe como acertar. En primer lugar te centras en la gramática para intentar hablar sin errores pero, más tarde, te das cuenta de que lo que realmente necesitas es vocabulario. Y para que aprendas palabras, palabritas y palabrejas, están diseñados los libros. Tenemos la lección de fiestas, la de la familia, de la casa, de los viajes, de los pasatiempos y el tiempo libre, de la cultura, del trabajo pero ¿dónde está la lección de la enfermedad y los problemas? No, no busques, no está. Así que el día que te pones malo, estás jodido. Descartas la opción de ir al médico rápidamente solo por no buscar un centro al que ir, coger metros, pagar… Así que mejor bajas a la farmacia, que para eso la tienes cerquita de casa. Si ya de normal tu mente va lenta a la hora de hablar, aún es peor cuando la fiebre no te deja pensar. Intentas explicarle a la farmacéutica lo que te pasa y dado que las palabras no es que no te salgan, es que no las sabes, recurres al idioma de los gestos que, afortunadamente, es universal. Es así de simple: no sabes explicarle que toses con mocos y que te duelen las anginas pero sabrías decirle a la perfección que en tu tiempo libre lees, viajas y haces fotos; y que tu casa tiene tres habitaciones, cocina y dos baños además de jardín y balcón. Pero eso no viene al caso.

Gracias a la paciencia infinita de algunas personas (que no todas, ¡ojo!) con los guiris (entendiendo aquí por guiri a mi misma), consigues tus medicamentos y te vas a la cama sintiéndote un poco imbécil por no haber podido explicar una cosa tan simple. Sólo te queda dar las gracias al sistema de enseñanza de idiomas.

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